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Hoy, en una fecha tan especial como el nacimiento de Jesús, reflexiono sobre la importancia de la familia y nuestros niños. No solo como padres, sino como adultos en una sociedad donde cada día debemos desarrollar más los valores. Tengo a mi hija, y quiero ser su mejor ejemplo, pero también quiero que ella descubra su esencia y pueda alzar vuelo sin olvidar de dónde viene, los valores y bases que le hemos inculcado. Al pensar en estas líneas, viene a mi mente la imagen de un árbol frondoso y alto, cuyas raíces están bien plantadas en la tierra, en lo profundo. Nosotros, como padres, somos responsables de hacer que esas raíces sean fuertes y profundas, capaces de soportar las brisas y tempestades que puedan afrontar en la vida. Creo que la mejor forma es ser ese ejemplo.

Nosotros, como adultos, podemos ayudar a crear una mejor sociedad para nuestros niños, y en nosotros está enseñar con el ejemplo para que sea cada día mejor.

Estar lejos de mi tierra y de mis seres queridos, educando a una niña y queriendo que conozca nuestra cultura y nuestra familia, aun estando lejos. Inculcarle ese amor por la tierra que ya ni conoce es difícil, pero no importa lo lejos que podamos estar, nuestras raíces son fuertes y bien firmes en la tierra para crecer muy alto. A pesar de la distancia, a veces oigo la voz de mi mamá o papá diciéndome que siempre estudie, que nunca deje de aprender o a veces en los días cuando el trabajo es difícil, susurrándome que es mejor madrugar para ir al trabajo que madrugar para salir a buscar trabajo.

Esas voces nos acompañan siempre, por eso te pido que tengas la mente abierta para oír los consejos de tus padres o antepasados que te susurran en el viento.

Han sido muchos los consejos que me han dado y que me dan, creo que los más importantes se los quiero transmitir a la generación futura:

  • Escucha a tus mayores.
  • Vive plenamente cada momento.
  • Come sano, toma agua y duerme bien.
  • Nunca permitas que nadie te diga que no puedes.
  • Ríe y baila cuando te provoque.
  • Sé agradecido.

¿Qué otros consejos agregarías a esta lista? Te leo.

Como dicen por ahí, los buenos somos más, por eso es importante que esta mayoría no sea solo observadora, sino que participe activamente. Piensa en cómo puedes poner tu granito de arena para mejorar esta sociedad y que las nuevas generaciones sean mejores que lo que fuimos nosotros. Identifica comunidades alineadas con tus valores y participa activamente en ellas, y desarrolla relaciones familiares o de pareja que te inspiren a ser mejor.

He sido tan afortunada que Dios ha puesto bellas personas en mi camino que, con palabras o con maneras de actuar, han sido mis maestros de vida, principalmente mis padres y suegra, que con su manera de afrontar la vida han sido mi escuela gracias a sus vivencias. Como dice la frase popular, «inteligente es el que aprende de sus errores, pero más sabio es el que aprende de las vivencias y los errores de los demás«. Sé que ellos no son perfectos, pero hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas, el conocimiento y lo que creyeron que era lo mejor para ellos o para sus hijos. Por eso, nunca juzgues, solo aprende y trata de ser una mejor persona o padre cada día.

Ten una mente abierta y de agradecimiento activo. En esta fecha tan importante, toma la iniciativa de agradecer a esas personas que han sido pilares en tu vida. ¿Por qué no aprovechas y les envías una nota de voz, un mensaje o tal vez una llamada, donde expreses las reflexiones que te llevó este pequeño artículo? Y si esas personas ya no están contigo, escríbelo o susúrralo al viento, o si te sientes más audaz, puedes escribirlo en los comentarios.

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«La familia es la brújula que nos guía. Nos inspira a alcanzar grandes alturas y nos consuela cuando ocasionalmente flaqueamos.» Brad Henry